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Carta de Giuseppina Streponi: «Su amor por el campo se ha vuelto manía, locura, rabia, furor y todo lo que usted quiera añadir.
Pero también lo hacía a los críticos, que los de entonces eran de aúpa, dotados de una letalidad innegociable que perfeccionaban en sus columnas periodísticas con el ánimo de centellear en el firmamento de la polémica y no tanto en el firmamento de lo estrictamente.
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Curioso el encadenamiento de lagrimales que tenían dos monstruos de la interpretación del siglo XIX como eran la soprano María Malibrán y el pianista Sigismund Thalberg.
El médico del príncipe recogió aquella nota del suelo y ese acto sirvió para informar a la posteridad de que para Beethoven la diferencia entre mortalidad e inmortalidad no era una cuestión de sangre, sino de plaquetas tímbricas, hemodiálisis melódicas y transfusiones tonales.
Debía de haberlo practicado desde hacía mucho, ya que realizaba la operación rápida y diestramente.
Naturalmente, yo hubiera debido levantarme y salir del escenario, pero no podía hacerlo, pues sabía que Shostakovich nos escuchaba por radio.Payasos haciéndose pasar por músicos?Al llegar al quinto lo encontró muy pesado y dijo: "Prefiero morir de hambre antes que garrapatear eternamente mi nombre.Arnold describía su estado en una velada que ofreció Alexis Lvov, compositor del himno nacional ruso, a la que fue invitado el matrimonio Schumann en marzo de 1844: En cuanto a Schumann se mostró sexo en vivo por primera vez juvem silencioso y reservado toda la noche, como de costumbre.Glenn Gould era bastante más humilde que Puccini en sus pretensiones acuáticas.«Me parece estar menos solo cuando por las mañanas, al abrir los ojos, me encuentro con las afables fisonomías de estas angelicales amiguitas se excusó.Trataba a sus músicos como un domador de leones a sus animales».Amigo de las llamas fue también un jovencísimo Berlioz de doce años, quien habiendo compuesto a esa edad dos quintetos decidió quemarlos varios años después, quizás de lo frío que le dejaba la audición.Hasta el propio dueño del hotel le fue a buscar para persuadirle de la necesidad de regresar a la habitación, dado que temía por la integridad de su establecimiento, pero el músico se cerró en banda: era joven y quería vivir lo suficiente para seguir.



El presente capítulo ha llegado a su fin.

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